Los lienzos de mi pasado




Tras el mirar de pestañas heladas y el fuego de cien corazones no quiero más que la nieve me alumbre y la lumbre me ciegue. Sin pensar, cuesta abajo me lanzo y en múltiples volteretas se deshace mi yo, envuelto de harapos, que como trapos dejo los lienzos de mi pasado. Responderé sólo por mis alegrías que hasta las puñaladas he olvidado y si tengo nuevos pesares en los telares de tus manos las prenderé, allí donde como una maga haces volar ideales. Si me sigues mirando, no respondo, que me conozco y no tengo freno ni ancla ni correa que me sujete que aún no ha nacido el monaguillo que me dé la última unción. Si me sigues hablando ya no podré olvidarte y desearé habitar en ti y no separarme más que para dar otra calada de este sol de invierno.

Jto

Mi senda



No me gustan los pasos de cebra que atraviesan las calles por cualquier lado. No me gustan los semáforos que indican con su latir cuando pasar y cuando no. No me gustan las sendas, caminos y veredas que atravesaron multitudes antes que yo. Un sol nuevo reclamo y un nuevo sendero y una eternidad para recorrerlo y un par de alas para seguirlo desde lo alto y sonrisas para mis cabreos y fuego para mis miedos y un barreño para ahogar el desengaño y fuerza en las piernas para buscar la ilusión de nuevo.Y poco pido pues nada espero que ya salgo a buscarlo yo.
 
Jto

Titúlalo tu



Acurrucada en mi cuerpo se protege el alma de todo aquello que dolerle quiere. ¡Infeliz! No sabe que soy yo, su dueño, quien más daño puede hacerle. Hay momentos en que otros brazos la cuidan, otros labios la llaman y se amamantan de ella; otra voz explora, con las mismas palabras, su sentir; otra risa enciende su mecha y estalla en mil colores, mientras los cuervos de la memoria vuelan sobre otros horizontes persiguiendo el arco iris de lo que no pudo ser.

A la que me descuido, ya está brincando como loca al son del latir de otro corazón y me pregunto si seré capaz de contenerla. Ocasiones no me faltan para pensar que es más grande que yo mismo ni para creer que la dejé nadando en un charco de lluvia de la madrugada, echándole piropos a la luna, traviesa de alegrías y esperanzas mientras mi soledad se pudre en la soledad de este campo de otoño.

Y ya me siento bien, entero, pese a haber dado tanto pues lo que queda es lo que soy y lo que di lo tenía de sobra. Y ya me siento bien para volver a darlo todo pues no conozco otra manera. Y ya me siento bien porque he arrancado todas las espinas de mi corazón y he cosido sus desgarrones con las agujas de un reloj y le he puesto petachos con mi nombre para que no olvide que solo yo soy su dueño.

Jto

Olas de sal y vida







No quiero manzanas mordidas por los dientes afilados de falsas Evas. Ni quiero serpientes que, enroscadas, sonríen desde árboles de arcanos conocimientos. Ni quiero paraísos soñados, escondidos, perdidos, sin caminos. Ni quiero el arcoíris que anuncia la muerte de las lluvias como el neón luminoso de una céntrica ciudad. Ni quiero el rumor de la arena de las playas en que se alejan las olas.


Quiero la palabra que me ofrezcan tus labios y la entereza de saber que es lo que siempre había esperado. Quiero los perros de la experiencia, del dolor, del error que me fortalecen y me hacen ser mejor de lo que soy. Quiero campos nuevos en los que hollar sendas, sembrar jardines. Quiero el tabalear de la lluvia en el alfeizar de la ventana, el fragor del trueno sobre un tejado de cañas, el fucilazo imprevisto del rayo sobre el monte. Quiero los mares que vomitan olas que se arrollan unas a otras, que golpean acantilados y los convierten en playas.

                                                                                                                                                                            Jto

Cañones de lodo y sal







…y he vuelto a caminar por veredas solitarias, tal y como comencé este viaje, tal y como lo concluiré, insensata mirada al sol, cara expuesta a las inclemencias, sintiéndome vivo a cada paso. Y he vuelto a descubrirme bajo cada piedra, sobre cada hoja, en el rumor del cercano arroyo, pegado a la corteza de cada árbol, muerto, silencioso, oscuro y adornado de fúnebres tonos pero también vivo, atronador, luminoso y ataviado de vivos colores. Y he vuelto a sentir la lluvia de otoño sobre mis hombros y los pies embarrados de mil lodos y la tos vivificando mis pulmones y los brazos doloridos de sentirse libres y los ojos…y los ojos sonrientes de ver lo que creían haber perdido.
Y he vuelto a navegar en mi bajel pirata de cañones herrumbrosos, de velas agujereadas, palos astillados y casco podrido. Y he vuelto a sentir la espuma en mi cara, el viento en el pecho, el frescor del agua salada en mis pies  y la tormenta sobre mi cabeza mientras mi barco quiebra las olas furiosas que lo acunan y lo amparan, que lo odian y lo rasgan. Y marcaré el rumbo que quiera, sin quejas, sin dudas, sin miedo y me dejaré mecer por el viento y las olas y me abrasará el sol y llegaré, por fin, a puerto sintiéndome derrotado pero orgulloso de haberlo dado todo y no cargar con nada para el último viaje.

Jto