Mujeres


Quiero a las mujeres que dejan huella y no cicatrices, que caminan la vida y la desgastan, que no se ahogan en un vaso de agua y se beben la existencia a cortos sorbos. Quiero a las mujeres cuya mirada transparente me dice que no hay nada, que lo hay todo, que navegan mares tormentosos en un barco de papel. Quiero a las mujeres que no se dejan impresionar por la fatuidad de un templo, que lloran al ver un pétalo caer, que son fuerza y dulzura. Quiero a las mujeres que oyendo el trueno silban fuerte que se pierden en pensamientos con una melodía que ríen con el corazón y no con el gesto. Quiero a las mujeres cuya belleza no es solo una fachada frente al mundo sino una ventana que muestra su alma que exponen su opinión que no esperan príncipe ni corcel. Quiero a las mujeres que hartas de sapos ya no regalan sus besos que no ansían convertirme y que me aceptan tal cual soy.


Jto

A veces...





A veces me agotan los que se aferran a sus ideales como si no hubiera aire que respirar. A veces me asusta el vuelo de un pajarillo, a veces el mecerse de una flor, a veces el rumor de un arroyo; creo que estoy dejando de ser humano. A veces me asombro mirándome el interior y riendo y saltando pongo en fuga la tristeza que albergue. A veces cruzo calles sin rumbo, bosques sin sombra, puertas sin umbral. A veces busco en unos ojos algo que sea distinto y ¡es todo tan parecido!.  A veces me enamoro y al rato estoy igual y no dejo de ser yo. A veces grito y ni yo me oigo; voy a tener que ladrar para sentir algo. A veces te digo que, si te vas, te lleves tus besos que ya no quiero pesos que el alma tensen. A veces vuelves y llegas a mí en la madrugada como la soledad última que a todos nos espera. A veces me canto y haciendo palmas bailo sobre la escombrera asentando un firme suelo sobre el que echar a volar. A veces bebo hasta matarme y fumo para recuperar el aliento y me siento vivo con cada puñalada y añoro las lágrimas y escucho el latir de mi corazón que aún se encabrita si le hablas y encalo las tapias de mi pensamiento para ocultar el rastro que dejan en ellas mis correrías de perro vagabundo.

Jto

Los lienzos de mi pasado




Tras el mirar de pestañas heladas y el fuego de cien corazones no quiero más que la nieve me alumbre y la lumbre me ciegue. Sin pensar, cuesta abajo me lanzo y en múltiples volteretas se deshace mi yo, envuelto de harapos, que como trapos dejo los lienzos de mi pasado. Responderé sólo por mis alegrías que hasta las puñaladas he olvidado y si tengo nuevos pesares en los telares de tus manos las prenderé, allí donde como una maga haces volar ideales. Si me sigues mirando, no respondo, que me conozco y no tengo freno ni ancla ni correa que me sujete que aún no ha nacido el monaguillo que me dé la última unción. Si me sigues hablando ya no podré olvidarte y desearé habitar en ti y no separarme más que para dar otra calada de este sol de invierno.

Jto

Mi senda



No me gustan los pasos de cebra que atraviesan las calles por cualquier lado. No me gustan los semáforos que indican con su latir cuando pasar y cuando no. No me gustan las sendas, caminos y veredas que atravesaron multitudes antes que yo. Un sol nuevo reclamo y un nuevo sendero y una eternidad para recorrerlo y un par de alas para seguirlo desde lo alto y sonrisas para mis cabreos y fuego para mis miedos y un barreño para ahogar el desengaño y fuerza en las piernas para buscar la ilusión de nuevo.Y poco pido pues nada espero que ya salgo a buscarlo yo.
 
Jto

Titúlalo tu



Acurrucada en mi cuerpo se protege el alma de todo aquello que dolerle quiere. ¡Infeliz! No sabe que soy yo, su dueño, quien más daño puede hacerle. Hay momentos en que otros brazos la cuidan, otros labios la llaman y se amamantan de ella; otra voz explora, con las mismas palabras, su sentir; otra risa enciende su mecha y estalla en mil colores, mientras los cuervos de la memoria vuelan sobre otros horizontes persiguiendo el arco iris de lo que no pudo ser.

A la que me descuido, ya está brincando como loca al son del latir de otro corazón y me pregunto si seré capaz de contenerla. Ocasiones no me faltan para pensar que es más grande que yo mismo ni para creer que la dejé nadando en un charco de lluvia de la madrugada, echándole piropos a la luna, traviesa de alegrías y esperanzas mientras mi soledad se pudre en la soledad de este campo de otoño.

Y ya me siento bien, entero, pese a haber dado tanto pues lo que queda es lo que soy y lo que di lo tenía de sobra. Y ya me siento bien para volver a darlo todo pues no conozco otra manera. Y ya me siento bien porque he arrancado todas las espinas de mi corazón y he cosido sus desgarrones con las agujas de un reloj y le he puesto petachos con mi nombre para que no olvide que solo yo soy su dueño.

Jto

Olas de sal y vida







No quiero manzanas mordidas por los dientes afilados de falsas Evas. Ni quiero serpientes que, enroscadas, sonríen desde árboles de arcanos conocimientos. Ni quiero paraísos soñados, escondidos, perdidos, sin caminos. Ni quiero el arcoíris que anuncia la muerte de las lluvias como el neón luminoso de una céntrica ciudad. Ni quiero el rumor de la arena de las playas en que se alejan las olas.


Quiero la palabra que me ofrezcan tus labios y la entereza de saber que es lo que siempre había esperado. Quiero los perros de la experiencia, del dolor, del error que me fortalecen y me hacen ser mejor de lo que soy. Quiero campos nuevos en los que hollar sendas, sembrar jardines. Quiero el tabalear de la lluvia en el alfeizar de la ventana, el fragor del trueno sobre un tejado de cañas, el fucilazo imprevisto del rayo sobre el monte. Quiero los mares que vomitan olas que se arrollan unas a otras, que golpean acantilados y los convierten en playas.

                                                                                                                                                                            Jto